08 octobre 2007
Minor swing
Esta mañana grisácea, el zumbido y el ronroneo del autobús se habían amparado de mí y habían
llevado a mi Alma en una especie de divagación extraña. En este cedazo entre sueño y realidad, me sentía como acunada y aprovechaba este lapso de tiempo para hacer perdurar el estado nebuloso en que estaba cómodamente acurrucada una hora antes. A esta atmósfera propicia a la imaginación, yo sólo le había añadido este instrumento mágico que logra convertir los trayectos rutinarios en una verdadera delicia: El MP3…En pleno camino hacia la universidad estaba dando “minor swing” del “duende-dueño” Django Reinhardt y la música me había propulsado en otra esfera. La cabeza menea un tanto sobre la ventana por las rugosidades callejeras y el pie se balancea al compás de la música que empieza:
La luz de la sala se apaga, las cortinas rojas se abren sobre el estrado en que están colocados un violín, un contrabajo y dos guitarras, apretados en sus trajes y cegados por el foco dirigido hacia ellos, revelando lo polvoriento del aire.
Le toca al violín el preludio de la melodía .Las primeras notas salen tímidas e inhibidas como de un gramófono. El sonido oxidado y envejecido sigue una monotonía asfixiante que un contrabajo intenta dislocar con un soplo de aburrimiento alzando los ojos al cielo. Descontento de esa interrupción, el violín reinicia su partitura de manera escolar, como si quisiera borrar cualquier imperfección estorbando el conjunto…
Interpretado como un guiño para escaparse, guitarras y contrabajo sofocantes deciden huir a escondidas, bajando de puntillas las escaleras del estrado barnizado.
Liberados del “corsé de cortesía” que los apretaba hasta no poder respirar, los sonidos salen de sus viseras tanto tiempo ahogadas, encarcelados en cortapisas de buenos modales inculcados.
Del trio de instrumentos sale un swing alegre muy animado, uno de los que sacuden los pies derechos de los oyentes sentados de piernas cruzadas. A pesar de que el público se sienta perdido y enfadado por el morro de los escapados, sus orejas y pensamientos están como captados por los disidentes.
La armonía que se desprende del conjunto es señal de que cada uno ya había descubierto en el pasado los rincones de sus capacidades e incapacidades.
El violín dejado sólo por sus miedos que tampoco le satisfacen baja de su pedestal después de mucho rato de vacilación y escucha curioso, barbilla sobre arquero el mini concierto dado a ras del suelo. Poco a poco se pregunta cosas esenciales que nunca le habían venido a la mente antes. ¿Qué quiero YO?, ¿Quién soy YO? ¿Para quién hago eso? Atraído por la vida emanante, se abalanzará, perdido por perdido…
Se tratará de soltar las riendas por completo, a pesar de lo inmensamente difícil que resulta, dejarse llevar hacia la improvisación más loca.
Tan loca que los pies de los oyentes se encuentran desconcertados.
Se inmovilizan.
Tanto tiempo interiorizados los preceptos enseñados, las bases sólidas de ritmo, la normalidad en la distribución de los sonidos, la indecencia de los agudos y de los fortísimos que le suben ganas de ir a pararlo todo para descubrir su fuero interior, lo que logra expresar por sí sólo. Pero cuidado, sin esperar luego el aplauso ni la admiración de los maestros.
Nada de perfección, nada de contención pero algo vivo, dinámico y con una furia descubridora. ¿Cómo volver a posarse cuando todavía no ha descubierto los sonidos y ultrasonidos que logra producir? Fuera de cuestión por el momento volver a sentirse mal sentado y juzgado, aplaudido y apreciado por un esmalte.
Crisis de identidad tanto tiempo reprimida por no molestar y ganar simpatía hipócrita y fingida, la explosión será aún más hipnótica y resplandeciente.
Tan extraña que será como un segundo nacimiento. Un parto de sí mismo, fenómeno imprevisible y nunca visto ni imaginado antes. Sólo había que dar este paso tanto tiempo temido.
Claro, la crisis será tan grande que echará chispas: ¡tempestad, torbellino, huracán!
Dejará a todos atónitos, el soplo cortado, ni siquiera podrán seguir la melodía pero serán subyugados por tanta fuerza estallante a la luz del día.
Algunos gritos estridentes saldrán como un llanto tan profundo…Llanto nunca exteriorizado. Intentos vanos de las guitarras para seguir esta verdadera maestría. No hay por qué intervenir, concentración sobre sí mismo indispensable para luego volver a emprender un camino más cómodo.
La falsa impresión al inicio de no poder regresar a un ritmo normal se comprobará cuando, una vez apaciguado, el violín por sí mismo reiniciará la melodía del preludio pero esta vez de manera mucho más jovial y optimista que antes, sin vergüenza ni temor.
Cuando uno no puede luchar contra viento y mar para seguir su camino, el velero puede emprender dos velocidades diferentes: La capa lo somete a la deriva del viento. La huida a menudo resulta ser la única manera de salvar el barco y su equipaje. También permite descubrir riberas desconocidas que surgirán al horizonte de calmas reencontradas. Riberas desconocidas que siempre ignorarán los que tuvieron la suerte aparente de poder seguir la vía de cargos y tanques, la vía sin imprevisto, impuesta por compañías de transporte marítimo.
30 novembre 2006
Rayos
Serpiente viCiosa que se desliza y te susurra a los oídos las seis letras de su nombre...Te roe, te corroe, rodeándote de su cuerpo invertebrado que te enlaza, te aprieta, te ahoga y de repente te suelta dejándote así intervalos de respiro. Juega con ese ritmo, ese bAlanceo infernal. Como pienses que estás mejorando, su lengua, que de tener un gancho más sería satánica, vuelve a cuchichear en la oscuridad de tu cuarto. Esos silbidos inaguantables por lo que anuncian constituyen sin embargo el fondo sonoro del ritual que quiere emprender contigo. Parecidos a las vibraciones del acordeón de un Piazzola, te arrastraN en un baile cuyas direcciones las toma ella, en total inconformidad con las supuestas convenciones arquetípicas. Ella te guía, tú te vuelves títere suyo. Te obliga a seguir sus pasos, a torcerte, a doblar la esquina. Tus miembros blandos son como de trapo con miles de agujas escondidas dentro que te pinchan en movimientos que no controlas. Cuando ya empieza a anestesiarse el dolor en alguna parte, te sobreCoge de forma aún más aguda en otra. Sonámbulo impedido a descansar, preso entre dolor o miedo permanente al dolor, haces de funámbulo de la vida. Tu hilo de color violeta, mezcla de azul celeste y rojo infernal te mantiene en suspenso en el aire. Existencia parecida a la de una hoja otoñal, prótesis de una rama sin mucha fuerza, que al mínimo rayo de sol resplandece e ilumina a los demás de optmismo, pero que de súbito se ensombrecE en cuanto enormes nubes grisáceas amenazan el cielo. Queda la Esperanza de que el sol siga luciendo para que permanezca todo lo agradable de tu Reflejo.
10 novembre 2006
H20
Nada más entrar en el agua, se percibirán los primeros efectos de la metamórfosis. La temperatura del agua hará aflorar a la superficie de su piel una multitud de granitos escondidos, hundidos tanto tiempo en el cutis. Así contenidos, comprimidos, hibernando bajo capas de lana, algodón o seda, sólo querrán salir al aire libre y exhibirse ostentadamente en ese momento de despreocupación indumentaria.
Habiéndose ya acostumbrado el pie izquierdo a la frialdad del líquido, Marta se lanzará al agua, decidida a bajar la escalerita por completo. Asombro al comprobar la fulgurante rapidez con la que volverán esas yemas a flor de piel que casi se podría oír como una cristalización de algo vivo allá dentro. El cuerpo se le volverá ajeno, enderezándose y obligando su rostro a lucir muecas; torcida la boca, cerrados los ojos y fruncida la nariz. Ahora hay que abalanzarse y empezar a reproducir los movimientos enseñados para adaptarse a ese medio ambiente en que el ser humano es tan torpe.
Las técnicas rudimentarias asestadas nunca lo harán sentirse como pez en el agua. Sin embargo hay que debatirse y darse cierta compostura. Mecánicos al inicio, los gestos ganarán forma y hasta alcanzarán cierta estética. Marta concentrará luego su atención sobre sus vecinos de línea. Qué distintos le parecerán una vez sumergidos en el agua. Era difícil para ella persuadirse que era la misma gente. Desaparecida toda la contención en el metro, la timidez y la cortesía demasiado falsa . El cuerpo dejado de lado una semana entera a causa del intelecto reivindicaba ahora su poder, quería volver a tomar las riendas. El impulso de vida, ese "Strum und drang" romántico se adueñaba de sus miembros. Lo animalesco dentro de cada hombre se volvía patente. Surgirán de repente del color arcilloso del agua troncos prepotentes con alas de mariposa, imitando con muy poca gracia el vuelo de este insecto. Los habían que salpicaban, echando humo y agua al sacar la cabeza de las profundidades, otros que daban golpes en el agua, aplastando a los más pequeños. El lenguaje verbal y racional de la tierra se hacía en el agua bramido, sonido gutural, como sacado de las entrañas.
A Marta le gustaba observar a la gente que le rodeaba. Le daba miedo ese tocar permanente con las personas y prefería verlas a ratos para mejor disfrutar de los momentos vividos con ellas, no entrar en lo cotidiano que lo desencanta todo con su cortejo de riñas, conflictos y discusiones hirvientes que tanto odiaba. Tal vez fuese la continuidad de una infancia acunada por cuentos leídos en pecho maternal, ritmada de salones de libros, espectáculos que la adentraron en otras esferas, ficticias tal vez pero acogedoras. Las personas se volvían "personajes", las figuras "figurinas" de vidrio que temía romper en mil pedazos por culpa de un contacto demasiado opresivo. Los habían que necesitaban permanentemente ese tintineo de vasos, ese cuchicheo de últimas brasas de pitillos, ese eterno bullicio de gente, ese tumulto de voces agradable cuando uno tiene miedo a su solipsismo. Pero conlusión rara que sacaba era que incluso le gustaban mucho a ella esas veladas un tanto regadas de música muy fuerte en los tímpanos agredidos, de baile hasta más no poder...
Iba nadando ya desde más de una hora sin haberse dado cuenta y su mente se había dejado envolver en un torbellino de reflexiones. Su cuerpo le había escapado y habiá dejado flotar agradablemente sus pensamientos en esas partículas de "hidroxígeno".
12 septembre 2006
Como un lunes
Se abrirán tus párpados de amapola sobre la oscuridad de ébano de tu cuarto. Despertarás, neófito de esta nueva realidad echa eclosión y las escaleras de roble bajarás, las pestañas todavía entremezcladas, nostálgicas del coma profundo en que te habían hundido. El chorro del agua que se entibia te llamará igual que el olor a naranja y miel de tu nuevo champú mientras las notas de música se arremolinarán en el vaho nebuloso condensado. Como siempre: la ducha primero y luego el desayuno una vez sacado de la bruma soñolienta matutina para mejor disfrutarlo. La sinestesia ambiente de la cocina ejercerá una atracción casi hipnótica sobre ti. Te dejarás pasivamente llevar por el olor a café, acunado por el chorreo un tanto desagradable de la máquina y vigilarás silbando y oliendo el pan preso en ese infierno tostadero. El torbellino mudará y hará estragos esta vez en esa pasta castaña brillante y espesa que intentarás desarraigar. Su elástico umbilical lograrás cortar penosamente dejando un hilo entrelazado marrón entre el bote y la tostada. Querrás inmortalizar este cuadro Daliniano pero el tictac incesante del reloj-búho de la cocina te recordará que siempre llegarás tarde en tu vida. Un salto en el coche y empezarás a sentir los efectos de la cafeína que, recorriendo tus venas, te aclarará las ideas y te dará el impulso jugador de adelantarlo todo. La velocidad lo desfigurará todo, desequilibrará los paisajes.
Sombras, líneas, curvas, luces…espacio fotográfico o pantalla de cinema en que todo correrá sin que puedas fijarte en nada .Esa realidad caleidoscópica empezará a volverse nítida conforme avances hacia el puente.
El puente se acercará y tú aminorarás, siguiendo tu sempiterna filosofía de atrasar el momento esperado, alargar el tiempo hasta lo infinito, distorsionarlo al son de un jazz interior.
El duende dueño de esta atmósfera fantasmagórica obligará tu pie a levitar un tanto encima del acelerador. Las tímidas ondas de los rayos solares amanecientes sobre el río detendrán tu mirada y tu rostro lucirá una sonrisa imperceptible.
Pero esa oscilante dicotomía de la vida entre evasión mental y vuelta al mundo hará sonar de nuevo el reloj. El pie recaído volverá a dar la cadencia rítmica adaptada al ámbito empresarial. Tu inminente entrada en ese medio inconscientemente empezarás a oler ya que mecánicamente con el picaporte habrás subido la ventana, apagado radio y faros y te habrás llevado a la boca la tarjeta mágica que te abrirá sus puertas. Echarás una ojeada a la imagen que reflejará el retrovisor interior y saldrás de tu coche con antojos de defenderte en esa jungla devoradora y amarga.
Nada más pasar el torniquete te toparás con un colega.
“¿Cómo estás?” y él, con semblante descompuesto y ojos en la nada:
“Como un lunes.”
Y empezarás a preguntarte si ese aire abatido y derrotista viene del mundo del trabajo que destiñe sobre la gente y derrama sobre ella palidez y pesimismo goteante o si es por simple culpa suya de no saber apreciar la vida como viene.
Los escucharás con ironía escondida salpicar sus semanas rutinarias de esa letanía quejumbrosa en que patéticamente no lograrás discernir sus “Como un lunes” de sus “Como un viernes” .
